martes, 15 de febrero de 2011

Bielsa y yo - Primera Parte


Es el día sábado 10 de febrero del año 2010, las nueve de la mañana. Suena el teléfono con insistencia. Es mi hermano mayor, que es un antiguo dirigente del Club Deportivo los Placeres. Me dice muy preocupado que tengo que solucionarle un gran problema y que no le puedo fallar: el gran problema consiste que hoy sábado a las diez de la mañana tengo que estar en la puerta de la sede del Club para recibir una visita muy importante que llegará invitado por nuestra directiva. Esto requiere una gran discreción y mucha reserva, lo que se me pide es tener despejada el área de la puerta principal y el acceso al cuarto piso, donde está ubicado nuestro salón VIP ¡Nunca me dijo quién era el personaje! Insistió que jamás imaginaría de quién se trataba y que el Club se llenaría de prestigio pues este señor por primera vez visitaba un club de fútbol amateur.
Llegué al Club faltando diez minutos para las diez de la mañana y encontré muchos niños en la puerta que pertenecen a la rama de tenis de mesa. Hablé con ellos y los llevé al interior pidiéndoles que no metieran bulla ni desorden, pues tendríamos una visita muy importante. Comenzaron por armar las mesas y entonces me acerqué a la puerta principal, en el momento en que se detiene un auto y baja mi hermano con dos personas que no alcancé a distinguir con claridad. Me quedo al lado de adentro de la puerta y les indico que pueden subir que todo está despejado. En el apuro no me doy cuenta de quienes se trata porque suben casi corriendo al cuarto piso. Le grito a mi hermano que la puerta del salón está abierta y me dirijo al gimnasio y a los camarines para verificar que todo estuviera en orden. Regreso a la escala principal y escucho los gritos de mi hermano que me pide que suba rápido. Cuando enfrento el salón desde la puerta veo un señor muy alto con tenida deportiva que está mirando las fotografías de los equipos campeones del Club, que están en la pared, en algunas de las cuales figuro. Comienzo a entrar al salón, cuando el personaje que miraba las fotos se dirige hacia mí. Sólo allí me doy cuenta que es ¡¡¡DON MARCELO BIELSA!!!
¡No lo podía creer! Me da un fuerte abrazo y me dice: “Felicito a uno de los mejores jugadores que ha dado mucho prestigio a este Club”. Yo solamente atino a decirle que es nuestro Club el que tiene el prestigio y el honor de tener la visita del entrenador de nuestra Selección Nacional.
La visita de don Marcelo se había gestado hacía varios meses, en un viaje que mi hermano realizó a Cuba. Allí conoció a algunos de sus amigos y ellos, aprovechando la ocasión, le enviaron un regalo a Chile. Después de muchos intentos, por fin se pudo comunicar con él y explicarle lo del regalo que venía de Cuba. El mismo sugirió pasar a buscar el regalo ya que visitaría Valparaíso el siguiente sábado. Finalmente don Marcelo decidió que pasaría quince minutos ese día en la mañana por nuestro Club, y aprovecharía de conocer la sede de un club amateur. Sólo hizo una exigencia: que lo recibiera el presidente del Cub junto con dos directores, y que esta visita fuera lo mas reservada posible. Mi hermano le aseguró que en el Club sólo estarían tres personas y que una de ellas era yo, su hermano que era asesor del presidente y que sería quien lo llevaría de regreso a su hotel del cerro la Cárcel, momento en que le comentó que yo era uno de los mejores jugadores que había pasado por el Club y que durante muchos años había sido seleccionado de Valparaíso.
Me habían advertido que era muy difícil que don Marcelo se dejara fotografiar, pero a pesar de que no queríamos que se molestara, yo tenia una máquina fotográfica en mi bolsillo esperando que se diera la oportunidad de sacarle un par de fotos. Cuando el señor Bielsa caminaba por el salón admirando la hermosa vista de la bahía desde la altura de un edificio de cinco pisos con grandes ventanales, nuestro presidente señor Riquelme le preguntó si existía la posibilidad que nos firmara el libro de actas como recuerdo de esta importante visita a nuestro Club, en ese momento como se dirigía siempre a mí, me atreví a preguntarle si podíamos tomar también algunas fotos para la posteridad. Me sorprendí mucho al escucharlo decir: “Todas las que quieran”. Se colocó frente a la vitrina donde se guardan las copas y trofeos ganados, junto al presidente del Club, entonces me llamó para que me acercara a su lado y me tomó del hombro en un gesto muy familiar y amable.
Pasados casi veinte minutos, miró su reloj y pidió disculpas, explicando que era esclavo de su tiempo y todavía tenia que ir a casa de mi hermano a buscar el regalo que le habían enviado de Cuba. Al despedirse nos dijo que este era el mejor club amateur que había visitado y que nuestra sede ya la quisieran muchos clubes profesionales. Lo acompañamos hasta el primer piso y al sentir gritos de los niños que jugaban tenis de mesa entró al gimnasio y aprovechó de visitar los camarines quedando admirado de la limpieza y comodidad. Al salir se tomó algunas fotos con los niños en el gimnasio. Así terminó la visita del señor Marcelo Bielsa al Club Deportivo Los Placeres.

Al salir a la calle, don Marcelo me pregunta si la casa de mi hermano queda muy lejos, yo le digo que a sólo 5 minutos y que puede elegir cualquiera de los tres autos que estaban estacionados frente al Club. Me pregunta cual es el mio y me dice que quiere que yo lo lleve. Asiento y le cuento que daremos una pequeña vuelta por uno de los cerros mas hermosos de Valparaíso, los Placeres. Cuando don Marcelo está subiendo al auto, aparece un bus del recorrido Placeres con pasajeros. El chofer lo reconoce, detiene el bus y se baja, al igual que casi todos los pasajeros y comienzan a aplaudir al señor Bielsa, quien se emociona al sentir el cariño de la gente. Después de esta muestra de cariño popular, nos subimos al auto y luego de un corto recorrido, llegamos a casa de mi hermano. Don Marcelo pregunta si la casa tiene una reja y si la puerta estará abierta. Le digo que no se preocupe y enfilo confiado hacia la casa. Justo en ese momento, frente a la casa, está el camión que retira el aseo y la reja está cerrada, como yo vivo cerca, soy muy conocido y los señores que retiran la basura me ubican, les pido que muevan el camión para entrar y se dan cuenta que mi copiloto es el señor Bielsa. Cuando doy la vuelta para entrar ya se han juntado en la puerta dos camiones del aseo y todos lo aplauden con cariño.
Entramos a la casa y antes de bajarse me pide por favor que en diez minutos más le avise para poder retirarse, con cualquier pretexto porque tiene que regresar a Pinto Durán. Baja del auto y me dice: “Confío en Ud.” Apago el motor y don Marcelo con el rosarino y el presidente del Club se bajan, yo me quedo en el auto mirando el reloj y pensando que en diez minutos más tengo que salir arrancando con Marcelo, a pesar del pequeño ágape que mi hermano le tiene preparado. Pasados los diez minutos convenidos, hago funcionar el motor del auto y toco la bocina, entro a buscar a mi amigo, lo enfrento y le digo: “Recuerde que a las 11.30 tiene que estar en su hotel para poder regresar a Santiago y yo me demoro diez minutos en llevarlo”. Pese a todos los intentos que hicieron para retenerlo, se despidió amablemente de todos y subió a mi auto junto a su amigo rosarino, que nunca habló nada. Entonces me don Marcelo me dice: “Muy bien pensado, se puede confiar en Ud.” Nos retiramos y en avenida Matta detengo el vehiculo frente a mi casa y se me ocurre la genial idea: le pregunto si yo soy el chofer oficial en este viaje, me dice que sí y de inmediato le digo: Ya que soy su chofer ¿Ud. me puede dar dos minutos de su tiempo? Me mira extrañado y le pregunto si puede bajarse del auto y entrar en mi casa, pues quiero mostrarle varios cuadros que tengo de Valparaíso, cerros y ascensores, los que ocupan una pared entera del living y que, en su mayoría corresponden a fotos que yo mismo he tomado en mi recorrido por los cerros. Entonces me dice: “No tan solo dos minutos, todos los que Ud, quiera”. Nos bajamos y le dice a su amigo rosarino y a mi hermano que lo esperen en el auto. Entramos a mi casa y aparece mi señora, que casi se desmaya cuando ve a don Marcelo, que es un hombre muy galante y simpático con las damas. Le da un abrazo y nos vamos a mirar las fotografías. Él dice que le encanta Valparaíso y muy especialmente las quebradas, los ascensores, los cerros y las casa antiguas que adornan la ciudad. Nos sentamos un rato en el patio y él repara en un asador ubicado a un costado, donde a veces preparamos el asado familiar rodeado de mis hijos y amigos acompañados de guitarras y acordeón ya que casi todos somos músicos. Esto lo emociona y me cuenta que en Rosario el también organiza este tipo de eventos y que disfruta mucho junto a su esposa Laura sus hijos y familia.
Regresamos al living y mi señora aparece con una libreta y un lápiz pidiéndole un autógrafo. Marcelo se ubica frente a los cuadros de Valparaíso y tomando a mi señora de la cintura me dice que es la ocasión precisa para tomar una buena foto, ya que me ve con la cámara en la mano. Comienza a juntarse gente frente a mi casa, se despide, subimos al auto y me pide que lo lleve de regreso a su hotel evitando las calles principales.
Bajo el cerro los Placeres hacia plan de la ciudad y lo llevo al hotel Ultramar, ubicado en el cerro la Cárcel, donde tiene sus maletas y su equipaje. Sólo me pide diez minutos para recoger sus cosas, despedirse y entregar la llave de la habitación. Como un último favor, me solicita que lo guíe por las calles de poca movilización hasta la Ruta 68, que es la salida de Valparaíso. Ubica su auto atrás del mío y comienza el viaje de regreso que lo llevará de vuelta a Santiago. Manejo con cuidado por avenida Colón y avenida Argentina hasta la subida Santos Ossa, que es el comienzo de la ruta que lo llevará a la capital. Subo aproximadamente como diez kilómetros y donde se bifurca la ruta en la variante hacia Viña del Mar, me voy a la berma, pongo los intermitentes y me bajo. El hace lo mismo, nos despedimos con un abrazo y le digo: “Señor Bielsa, hasta aquí llega nuestra amistad que duró un día”. Se ríe y me dice que no será así, me pide el número de teléfono para ubicarme cuando vuelva a Valparaíso, pues está siguiendo la actuación de algunos jugadores profesionales para integrar la selección nacional y aprovecha de invitarme a ver estos partidos.
Regreso a mi casa y pienso que nunca más sabré de don Marcelo Bielsa. Estoy contento, fui su chofer, lo llevé en mi auto y me trató como a un amigo.
Continuará...

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